Eleuterio Quintanilla Prieto





El 75 aniversario de la Comuna de Asturias debería ayudar a recomponer la memoria del movimiento obrero asturiano, y de algunos de sus personajes más representativos.

Eleuterio Quintanillamaestro racionalista, discípulo de Mella, militante y teórico sindicalista, miembro de la francmasonería, Quintanilla es la personalidad más reconocida del anarquismo asturiano (Gijón, 1886-Burdeos, 1966).

  Contaba 13 años cuando tuvo que abandonarla escuela para entrar a trabajar como aprendiz de chocolatero y contribuir a la débil economía familiar. Pero no por ello dejó de practicar su arraigada voluntad escolar y estudió en el Ateneo-Casino Obrero de la ciudad varios idiomas (francés, italiano y esperanto) y matemáticas. Lo hizo con tanta convicción que luego fue elegido maestro de francés y aritmética en el mismo centro. Anarquista desde muy joven, fundó en 1901 la revista Tiempos Nuevos y en 1904Tribuna Libre, donde colaboró Mella, al que había conocido un año antes y al que admiró siempre. Su primera intervención como orador ocurrió en Míeres en 1905 y con el tiempo se convirtió en «el mejor orador del anarquismo español después de la muerte de Tarrída de Mármol. Un orador nato, culto, que tendía más a persuadir que a apabullar, a convencer que a arrebatar, a educar que a entusiasmar, explotando las pasiones de los auditorios, sus sentimientos o sus instintos» (Gastón Leval). En 1909 comenzó a colaborar en la Solidaridad Obrera de su ciudad y se casaría con Consuelo Satura, con la que tendría seis hijos. Un año después participó en el primer Congreso de la CNT en Barcelona, en representación de las sociedades obreras de Gijón. A su regreso fue brutalmente maltratado por la policía, hecha que dio lugar a una interpelación parlamentaria de la izquierda.
En 1911, Quintanilla pasó  a ser redactor del semanario Acción Libertaria que bajo diferentes nombres apareció en Gijón y Madrid hasta entrada la I Guerra Mundial. Durante la contienda, Quintanilla que era ya maestro de la escuela racionalista de Gijón, tomó posición a favor de los aliados siguiendo los planteamientos de Kropotkin y otros ilustres anarquistas europeos. Era ya un militante conocido cuando en 1916 intervino en el Congreso sindical de Gijón convocado por el Comité de la Federación Solidaridad Obrera y levanta la bandera de la unidad sindical entre la CNT y la UGT. Sobre esta idea volverá una y otra vez.
  En 1918, en el II Congreso Nacional de la CNT celebrado en Madrid, insiste contra los que tratan el problema desde el punto de vista de la «absorción» de la UGT. «Nosotros, dirá en una de sus intervenciones, tenemos en Asturias pruebas repetidas de la eficacia de la política de aproximación, de atracción, de concordia cerca de los elementos que allí ostentan la significación idealista de la UGT y el PSOE». En 1934, en víspera de la insurrección, escribirá en el diario socialista Avance: «He sido en todo momento, a lo largo de treinta y dos años bien colmados de militancia obrera, partidario del desarme de los odios entre militantes de todas las fracciones; y lo he sido de la mejor manera que se puede serlo: prácticamente, con el ejemplo de los propios actos públicos y privados… Y teóricamente, en el terreno doctrinal o táctica, la conciencia no me acusa de haber utilizado jamás la prensa o la tribuna para la denigración personal de los hombres o el desdén insultante de las ideas».
Estas ideas, repetidas machaconamente junto con José Mª Martínez (al que me he referido en un trabajo anterior) y otros dirigentes asturianos, se refuerzan ante el posible avance de un tercero que se considera extraño a la tradición obrera: el partido comunista.
  No hay en esta actitud ningún reblandecimiento doctrinario, en todas las ocasiones que se presentan, Quintanilla toma sus distancias del PSOE («No fueron los partidos socialistas quienes crearon el movimiento de clase del proletariado, sino al contrario»), y de sus dirigentes («Todas las sutilezas académicas del socialismo, las disquisiciones profundas de teóricos y hombres de gabinete, carecerían de eficacia virtual sin el realismo actuante que le prestó y presta la organización obrera»). Esta claridad en la delimitación se trasluce en su desconfianza hacia el bolchevismo, extremo sobre el cual Quintanilla ha sido más exaltado que sobre cualquier otro. En el mismo Congreso de la Comedia de Madrid, Quintanilla enfría el entusiasmo bolchevique de los demás delegados, cuestionando: «Pero, la dictadura rusa, tal como se ha ejercido, constituye para nosotros un serio peligro que no está a nuestro alcance combatir sí lo está y debe estarlo, no aplaudir». Desconfía naturalmente de la III Internacional, y aboga por permanecer al margen en medio de una tormenta revolucionaria internacional. Esto no contradice su persistencia en exaltar la unión obrera allá donde sea posible.
  No obstante, Quintanilla se muestra cada vez más disociado de la evolución cenetista, sobre todo del curso revolucionarista del primer bienio republicano. Aunque durante la dictadura de Primo de Rivera había permanecido en las proximidades de las tareas rectoras de la confederación, su distanciamiento se agrava ante la cuestión de colaborar o no con el bloque oposicionista. Partidario de comprometerse en la colaboración con el Pacto de San Sebastián, sus actividades conspirativas le llevarán a la cárcel.
  Desde «posibilismo», Quintanilla se manifiesta contrario a todo «maximalismo» porque: «La máxima de “todo o nada” debe ser dada de lado. Nosotros no estamos en posición de poder pretender una panacea universal con la cual han soñado algunos. Las realidades de la vida nos enseñan que no puede ser así. Circunscribamos nuestra acción a un medio m posibles realizaciones, metodicemos la lucha, compartamos en la propia medida la responsabilidad de ésta; desarrollemos, en fin; pero aplicada a una política de acción social inspirada en la ideología sindicalista; pero aplicada a las realidades exigencias del medio que nos acondiciona, así en el interior como en el exterior» (entrevista en 1927). La posición de Quintanilla era dura, pues no en vano la masonería lo había expulsado unos años antes, en 1933, y aunque se dice que debido a la dura campaña que los anarquistas estaban haciendo contra la masonería, y siendo Quintanilla un reconocido líder libertario, se le desvinculaba de la Obediencia, sin embargo la realidad es muy otra. Quintanilla no fue dado de baja por tal motivo, sino por uno más simple y pragmático como era la falta a los trabajos y la falta de pago de las cuotas, lo que hizo, como en otras tantísimas ocasiones, que su logia madre «Jovellanos n.º 1» procediese a darle de baja sin «plancha de quite». Él mismo en un escrito de depuración plantea que por temas de salud y horarios de trabajo le era imposible acudir a las logias masónicas.
  Naturalmente, estas posiciones le llevaron a una identificación con el «trentismo», pero Quintanilla se niega a secundar cualquier división y trata de encontrar un punto de encuentro facilitando los elementos de una «política» cenetista, y conteniendo con su actitud un posible éxodo de sindicalistas hacia las posiciones de Angel Pestaña. No obstante, su disgusto ante la actuación de la FAI le lleva a negarse a aceptar cualquier cargo y clamar contra «la incomprensión, el fanatismo sectario, el seco doctrinarismo y el necio exclusivismo ideológico. He aquí nuestros mayores y más mortales enemigos». En el curso de los debates que se dan en 1934sobre la alianza Obrera, Eleuterio se manifiesta favorable a un acuerdo generalizado como el que se concretará en Asturias, acuerdo regional del que había sido en gran medida promotor.
  Durante la guerra civil centró sus actividades -siempre como un militante de base en el Comité de Abastos de Gijón. En 1937 se le confía la custodia del Tesoro Artístico de Asturias y Santander. También tuvo a su cargo la presidencia del Consejo Nacional de la Infancia Evacuada. Un reflejo de su actitud abierta lo muestra su homenaje crítico a Unamuno del que se consideraba un «discípulo ignoto». El exilio le deparó sufrir la ocupación alemana en Francia en una Compañía de Trabajadores Extranjeros de Roanne (Loira). Quizás fue esta la experiencia más dura y amarga de su existencia, lo que desarrolló sus inquietudes místicas, sintiéndose identificado con Francisco de Asís, Teresa de Jesús y Juan de la Cruz, escribiendo un poema en el que tras citarlos, dice: «Yo quiero seguir vuestra empresa…/ Grave empresa del hermano/ Inflamado del amor humano/ De una mística nueva/ Que lo reniegue todo y todo lo renueva». Tras la Liberación se instalará en Burdeos y sigue rechazando con dolor toda participación en el movimiento libertario hasta el fin del franquismo. Las disputas y cismas del movimiento amargan aún más su sensibilidad extrema. Según testimonio de su nieto Floreal Rodríguez, con el cual convivió los últimos años: «El recuerdo de España es muy duro y dramático, aún hoy, y fue muy duro también para el abuelo».
Murió  de una hemorragia cerebral.
Su compañero y discípulo Ramón  Álvarez Palomo ha escrito una notable biografía y recopilación suya: Eleuterio Quintanilla. Contribución a sindicalismo revolucionario en Asturias(Editores Mexicanos Unidos, 1973).
Sur Ramón  Álvarez Palomo en Français
Una muestra de que nuestro hombre no ha sido del todo olvidado, ha sido la creación del Grupo Eleuterio Quintanilla en 1994 , un grupo de docentes de los diversos niveles de la enseñanza pública constituimos el con la finalidad de analizar los fenómenos multiculturales que se presentaban en nuestra sociedad y a los que nos veíamos confrontados sin saber muy bien de qué manera responder, y que entre otras cosas, ha publicado dos importantes contribuciones totalmente en consonancia con sus ideas primordiales, Materiales para una educación antirracista (1996), y Libros de texto y diversidad cultural (1990)…Via Kaosenlared articulo de Pepe Gutiérrez-Álvarez (2/9/09)

 Pepe Gutiérrez-Álvarez (Puebla de Cazalla, Sevilla 1946; L´Hospitalet, Barcelona, 1960) . Participa en las primeras Comisiones obreras juveniles, en la Liga francesa entre 1968 y 1971, activista político-cultural ligado a la LCR, colabora con la editorial Fontamara, escribe en las páginas culturales de Combate y de Imprecor, también en el Diario de Barcelona, La Voz de Euzkadi y Liberación en los ochenta. Firma en revistas como Tiempo de Historia, Historia 16, Historia y Vida, L'Avenç, Cahiers Léon Trotsky... Autor de biografías de Trostky, Orwell y Mandela, así como de Memorias de un Bolchevique Andaluz, Miniwatt, la memoria obrera, Retratos Poumistas... Miembro activo de la Fundació Andreu Nin, de Revolta Global, escribe en Kaos y en otras páginas alternativas. Acaba de publicar La cuestion Orwell (Sepha), y prepara otras ediciones, algunas de ellas sobre cine e historia.

Eleuterio Quintanilla y la masonería

VÍCTOR GUERRA Asistí encantado hace unos días a la conferencia que impartió en el Ateneo Jovellanos Jesús Jerónimo Rodríguez sobre Eleuterio Quintanilla, en cuya disertación repasó tres facetas de la vida del notable pedagogo: la política, la sindical y la pedagógica, y pasó como el rayo que no cesa por una de las más desconocidas, el periplo masónico de Eleuterio Quintanilla.

Está claro que no se puede pedir a nadie un mayor conocimiento sobre un hombre del que, pese a contar con una calle en nuestra ciudad, el conocimiento que de él tenemos podemos decir que se reduce a su nombre y apellido, su filiación de anarquista y poco más. Por un lado, el anarquismo, aunque habla de la bandera de Quintanilla, no da un paso más allá de la bandería y, amén del trabajo de Álvarez Palomo, poco más se puede hallar que esté a disposición del vulgo. Por otro lado, tampoco su familia, con quien me veo en Bayona cada dos por tres, está por la labor de ayudar a recuperar la imagen y leyenda de Eleuterio Quintanilla. Como me dice Floreal Rodríguez, el nieto con el cual convivió los últimos años: «El recuerdo de España es muy duro y dramático, aún hoy, y fue muy duro también para el abuelo».

Pero no quería aprovechar este espacio para hablar de mis recuerdos, sino puntualizar al profesor Jerónimo Rodríguez sobre el tema de la masonería, Eleuterio Quintanilla y el anarquismo. Por un lado, se ha de recordar que se habla de incompatibilidad de la masonería y los libertarios o anarquistas, y, sin embargo, la nómina de líderes anarquistas masones es importante y debe llevarnos a plantearnos de dónde viene esa presumible incompatibilidad, pues masones anarquistas tenemos a Bakunin, a Proudhon, a Eliseo Reclús, a Ferrer y Guardia, y en clave local hay varios anarquistas como el propio Quintanilla o Mallada, Cristóbal Cano, etcétera. En mi trabajo «Masonería y anarquismo», en el blog «Masonería en Asturias», se puede leer algo sobre el tema.

Por tanto, se podía traer aquí los textos de pensadores anarquistas sobre la masonería, pero no es el caso y sería largo de explicar, por tanto sí que se puede decir que la FAI planteó la incompatibilidad entre masonería y movimiento libertario, tal vez a espaldas a la propia historia que han encarnado los masones anarquistas en las logias en la sociedad. Pero es más, mientras esto sucedía, el 28 de junio de 1937 tenemos el acta de la reunión del Grupos Faista «Orto», en el que estaban encuadrados Eleuterio Quintanilla, Acracio Bartolomé, José Pardo, Ramón García Argüelles, Niceto de la Iglesia y alguno más.

Cuando este grupo especifico trata el tema de la «incompatibilidad entre masonería y FAI», algunos compañeros alegan que no hallan justificación a tal incompatibilidad, y Acracio Bartolomé expone que, «por el contrario, deben ingresar en la masonería los compañeros que estén en condiciones de hacerlo» -eso sí, cayendo en un cierto tópico al uso, ya que plantea un total desconocimiento del trabajo masónico-. Y dice: «Ya que dentro de ella conoceríamos muchas cosas por ser quien maneja los hilos de la política internacional». Niceto de la Iglesia, por su parte, plantea «que no entiende cómo puede convivir un anarquista con algunos elementos masones que en la vida política tienen una actuación desastrosa»; se supone que se estaba refiriendo a algunos republicanos como Melquíades Álvarez?

A todos ellos contesta Quintanilla, y es una pena que el secretario no haya tomado nota de sus intervenciones, porque al final el grupo especifico de la FAI «Orto» declara que «acuerda que no procede por el momento declarar la incompatibilidad de la FIA con la masonería».

La posición de Quintanilla era dura, pues no en vano la masonería lo había expulsado unos años antes, en 1933, y aunque se dice que debido a la dura campaña que los anarquistas estaban haciendo contra la masonería, y siendo Quintanilla un reconocido líder libertario, se le desvinculaba de la Obediencia, sin embargo la realidad es muy otra. Quintanilla no fue dado de baja por tal motivo, sino por uno más simple y pragmático como era la falta a los trabajos y la falta de pago de las cuotas, lo que hizo, como en otras tantísimas ocasiones, que su logia madre «Jovellanos n.º 1» procediese a darle de baja sin «plancha de quite». Él mismo en un escrito de depuración plantea que por temas de salud y horarios de trabajo le era imposible acudir a las tenidas masónicas.

Era una situación extraña la de Quintanilla, pues siguió vinculado a la Escuela Neutra, que mantuvo hasta el final de sus existencia la Gran Logia Regional del Noroeste; por tanto, la presencia de Quintanilla en la masonería debe tener toda una revisión y una relectura en tanto en cuanto a que fue partícipe de ciertos compromisos políticos y sindicales en los cuales de la otra parte estaban también varios hermanos masones.

Gracias al profesor Jerónimo Rodríguez, pues su conferencia será un buen regalo para un nieto de Eleuterio Quintanilla.

Una biografía : Alvarez Palomo , Ramón. Eleuterio Quintanilla - Vida y Obra Del Maestro - Contribución a La Historia del Sindicalismo Revolucionario en Asturias. 453 p.

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